domingo, 15 de julio de 2012

Caracas: realidad y anhelo. Loredana Guevara.


    El proceso de relación del habitante con la ciudad conlleva a que el mismo se ubique en espacios con el cual se sienta identificado, claro está que en ellos se destacan requerimientos económicos, sociales, religiosos, políticos y culturales, entre otros, donde necesita establecer lazos de comunicación, es decir, no puede permanecer aislado dentro del contexto social.

    “Como es bien sabido, el ser humano a lo largo de su vida se caracteriza por ser un ente eminentemente social, que amerita comunicarse y convivir en sociedad. La  ciudad  contiene dentro de sí todo un mundo, con toda su gente, edificaciones, avenidas, calles, semáforos y movimiento propio, que permite o no transitar  por la misma. Ella es epicentro de pluriculturalidad, magia, arte, educación, religión, ideología y economía; es fuente de sentimientos, amor, odio, deseo, anhelos, miedo, violencia, entre otros tantos que configuran el sentir de la y el citadino.”

    De lo anterior se puede señalar que existe una analogía entre lo humano y lo material signado por unas series de particularidades propias de la vida cotidiana que se desarrollan en las ciudades específicamente en Caracas, la cual no escapa a un acelerado crecimiento, sufriendo transformaciones significativas, provocando la desaparición de elementos históricos de gran relevancia desde el punto de vista histórico-cultural.

    A pesar de las transformaciones producidas en la ciudad aún existen símbolos que representan ese tiempo histórico transcurrido, un ejemplo pueden ser la ceiba de San Francisco o la llamada capilla de Santa Teresa, ubicadas ambas en el casco central aunque junto a ello existen otros inmuebles de gran valor.

     En la búsqueda de esos valores, obtuve evidencias fotográficas, donde se muestra una relación entre el espacio y un tiempo transcurrido, es revivir un pasado, que a pesar de los cambios ocurridos, aún existe en la ciudad; era la Caracas de antaño que hoy  anhelamos con nostalgia, pero que lamentablemente ya no volverá. Eran quizás espacios muy apacibles con una infraestructura horizontal de amplios ventanales, de patios con árboles, algunos muy frondosos, se puede decir, que vivían las personas en armonía y en función de ello realizaban sus actividades que generalmente eran agrícolas y/o comerciales. Dicha armonía quizás podía verse distorsionada por un hecho fortuito, un terremoto o una procesión de un santo, aunque sin embargo se mantenía una estrecha relación humana especialmente con el vecino.

     “Caracas......... quien con el devenir del tiempo ha dado un vuelco. Dentro de las páginas de su historia se puede apreciar que ha tolerado pesadumbre y combatido en batallas, llorado hijos e hijas, soportado terremotos y forjado libertad; en resumidas cuentas, ha nacido, crecido, procreado, sobrevivido y cambiado al igual que sus ciudadanos.”             
  
     Hoy día nos encontramos con una Caracas muy dinámica y que contrasta mucho con ese anhelado pasado histórico, todo un sin números de calles, avenidas, vehículos, urbanismos, ruido, comercios formales e informales, en áreas muy reducidas influenciadas por un desmedido consumismo. Hay áreas donde la horizontalidad urbanista ha desaparecido predominando lo vertical con viviendas apiñadas una a otras, donde la relación  de comunicación tiende a ser muy difícil, convirtiéndose  el  individuo en un extraño dentro de  un entorno  que le es común generando en él un proceso de confusión.

      “………. sobre el cambio de la urbe y del caraqueño, los conflictos de valores y estilos entre la transición de lo tradicional  a lo moderno, las inmigraciones, el capitalismo e individualismo,  el  capitalismo y el mercantilismo, el crecimiento vertiginoso de la urbe, y en general, sobre todo lo que trae consigo dichas transformaciones, en especial la confusión del ciudadano……”

     Evidentemente se modifica la condición de vida del ciudadano, el cual busca entonces otras alternativas muchas relacionadas con el consumismo, por ejemplo, sale de su vivienda a  lugares comerciales para hacer compras o como medio de distracción. “El consumo comienza a ser  una característica primordial del habitante de la urbe, ya a éste no le interesan los bienes patrios, sino los personales”.

     En la Caracas de hoy, de acuerdo con la imágenes fotográficas nos encontramos que su población es altamente consumista, en un día de semana no le interesa estar de visita en lugares históricos, quizás porque ya lo conocen o tienen la convicción de que permanecen, lo importante es comprar, donde sea, en mercados improvisados (informales) o aquellos establecidos regularmente (Av. Baralt, Centro Simón Bolívar, Av. Lecuna, Universidad).
      Las personas se desplazan como autómatas, centrados en sí mismo, y generalmente pendientes de cruzar  las calles lo mas rápidamente posible ante la presencia de un sin número  de vehículos particulares o de transporte, donde el semáforo es el que controla la circulación junto al funcionario designado para ello, quien también se ocupa de la seguridad, la cual en algunos sitios escasea y en otros como la avenida Urdaneta, es permanente, especialmente donde se encuentran muchos organismos del Estado.

     ¿Es esta la ciudad que queremos? La ciudad que queremos o que quiero, es aquella en la cual se pueda convivir en concordia junto a los demás, donde todos seamos protagonistas de los cambios positivos que se le pueda dar, un ejemplo, recuperar y utilizar los espacios públicos como recreación y de relaciones con el vecino, sentir la seguridad y no exponerse a una serie de situaciones con miedo. Establecer la inclusión de todas las diferentes clases sociales y romper con la sectorización.

     Los espacios públicos como parques y plazas  tienen que estar al servicio de los ciudadanos, donde se pueda acudir para sentir  tranquilidad y esparcimiento, y así  olvidarse de los agobios que nos ocurren a diario. Sin embargo, estos no abundan en los espacios visitados, me di cuenta cuando trataba de ubicarlos sobreponiéndome al bullicio o  a la aglomeración de personas y de tanta actividad comercial.

      Por otra parte, las  plazas quedaron imbricadas como consecuencias de la expansión y crecimiento de la urbe, en zonas muy reducidas, donde inclusive están cerca a una avenida lo que hace insoportable la permanencia de las personas, yo deseo que esta situación fuese diferente ¿Por qué?

     Los parques y las plazas en la Caracas que anhelo, tienen que estar al servicio de sus habitantes, lugar donde se haga deporte, se presenten espectáculos gratuitos y así contribuir con el desarrollo cultural, reduciendo   el consumismo y, a su vez, creando conciencia sobre lo que tenemos  y no dejando que desaparezca, para luego quejarnos, cuando no exista ninguna solución al respecto. 

     También quiero acotar que para realizar ciertas actividades  en lugares cercanos a donde se vive, podemos hacerlo dejando  el vehículo y la moto, y usar la bicicleta como medio de transporte, tal como se hace en algunas urbes del mundo, con ello contaminaríamos menos el ambiente y contribuiríamos con el descongestionamiento del tráfico. Podríamos caminar sin estar pendiente de otras cosas,   que nos atropellen o nos llenen de humo. Para los niños y los ancianos y nosotros mismos como jóvenes, seria excelente una Caracas con todas estas características.

     Finalmente, quiero decir que la construcción de edificios de mucha altura, debe ser controlada estableciendo ordenanzas, así mismo dejar espacios que nos permitan el disfrute,  la convivencia  y la cultura.

Patinata militar. Por Génessis Sánchez.


       Sumergido en un ambiente militar, Los Próceres también se caracteriza por ser un lugar para el disfrute cívico, adecuado para el esparcimiento familiar. Es normal ver a las cinco de la mañana a los cadetes trotando y cantando al unísono para no perder el paso (aunque también es normal ver al par más gordito quedar rezagado) y asimismo a los civiles. Mi vecino, por ejemplo, es una de esas personas que acuden religiosamente a su encuentro con el ejercicio aeróbico diario en Los Próceres, aun teniendo más de ochenta años, que es lo que le calculo yo.
      Una vez pasada la mañana, cae el mediodía y la tarde en Los Próceres. No se hacen esperar las familias con sus almuerzos, los niños con sus patines, bicicletas o tanques de guerra que alguna vez fueron de cuidado y los gritos de las madres desesperadas: “¡Espérate una hora por lo menos, chico! ¡Te va a dar una embolia!” Aunque no sepan qué es una embolia, hacer bien la digestión es prioridad y sus hijos, arrugando la cara, entienden, custodiados  por los leones de concreto, el ecuestre de Simón Bolívar, los monolitos y ¿por qué no? Un concierto de Gualberto Ibarreto.


        No falta además quien vea a los estanques artificiales como un oasis en medio del desierto que es el sol del domingo. “Esa agua está sucia, vale. ¡No metas la mano!” Es otra de las frases que se oyen día a día por parte de las madres. Pero los adolescentes, por su parte, dentro de su perpetua rebeldía, desafían a ese caldo de cultivo pedaleando cerca, muy cerca.
Ya es de noche en Los Próceres. Las parejas se quedan, la plaza es muy bonita y gratis, también acuden aquellos que prefieren hacer sus ejercicios bajo la luz de la luna (el sol cansa más, en eso estamos todos de acuerdo) y, ¿por qué van a Los Próceres? La gran mayoría responderá: “es que es seguro, o sea, hay militares y eso, pues.” Y yo me pregunto: ¿es que acaso tiene que haber un militar en cada esquina de la ciudad para poder vivirla como se vive a Los Próceres? ¿Irías a pasear bicicleta a las diez de la noche en la Plaza Bolívar o por Bello Monte?
      Sabemos que la problemática de la (o sensación de) inseguridad es una realidad palpable en la vida de los caraqueños, a tal punto de que logra imponernos un toque de queda voluntario muchas veces, privándonos de hacer las actividades al aire libre que queremos y cuando queremos, obligándonos además a confinarnos en lugares cerrados y privados, privándonos de este modo de ser ciudadanos. Y creo, como ciudadano y habitante de la capital venezolana, que no es necesaria la presencia de militares ni de sus armas largas para que podamos sentirnos seguros. Con tan sólo apegarnos un poco a nuestro libreto inducido de sociedad postmoderna y republicana, confiriéndole el poder y el orden a la ley y a sus representantes podremos convertirnos en una ciudad.
Ciudad con espacios públicos para el disfrute, ciudad donde la gente no sienta miedo a salir de noche (tampoco tan tarde, las noches están para dormir). Ciudad que nos ofrezca todas las facilidades que se supone debería ofrecer según los modelos postmodernos. ¿Te gustaría salir a “tomar aire fresco” de vez en cuándo? A mí sí, de hecho… ¡voy saliendo a Los Próceres!

Realidad o Ilusión por José David Suárez


Bulevar Pérez Bonalde, un lugar donde con el simple hecho de mencionarlo a algunas personas, les causa cierto miedo. Al principio del trimestre se me encomendó ir a dicho bulevar, apenas escuchar el nombre “Catia” no ocultaré el pánico que sentí al saber que tenía que ir a dicho bulevar, debido a que he evidenciado la inseguridad que sufre el país recientemente, y saber que tal vez me volvería a ocurrir de nuevo.

            Lo primero que pude observar, y algo que se puede apreciar en todo el bulevar, es un parque para niños, un lugar donde varios grupos de familias pueden traer a sus hijos para que ellos se diviertan y que los padres tengan un punto de encuentro con otras familias para poder conversar. Luego veo un muro pintado con la figura del Salto Ángel, algo con lo que representa una de los paisajes más importantes de Venezuela.

 

           Al seguir caminando pude ver que el bulevar no era como yo me lo esperaba, no sentí tanta inseguridad, no vi los escombros de una civilización, sino la calidad en el que ha progresado en lo urbano, aunque todo se veía como un lugar agradable no puede evitar la sensación de sentirse inseguro en cualquier lugar de Venezuela, incluso todavía en Catia. Una de las cosas que me sentí indignado es que al cruzar la calle no había semáforos, por lo tanto ningún automóvil daba paso a los peatones, por lo tanto había una anarquía por parte de los conductores debido a la falta de semáforos, y debido a esto los peatones tenían que esperar a que un automóvil diera el paso, o simplemente, esperar que no hubiesen automóviles para seguir transitando.

            También pude vislumbrar los comercios que había en el bulevar, son de necesidad para el ciudadano, debido a que en esos comercios venden: ropa, zapatos, comida, farmacia, entretenimiento, etc. Una de las estructuras del bulevar que me llamó la atención fue El Mercado de Catia, inaugurado el 15 de diciembre de 1951, la arquitectura es distinta a las de las demás, mantiene una estructura de la época.

 

            Algo que pude observar, es que en cualquier zona del bulevar se pueden encontrar bancos en gran cantidad donde te puedes sentar sin ningún inconveniente, poder quedarse sentado por un largo tiempo conversando a descansando.


             Lamentablemente no pude apreciar la Plaza Sucre que queda en el bulevar debido a que estaba en construcción, una remodelación que pude observar en la mayoría del bulevar, que a través de los años ha ido progresando, llegando a la modernidad. El Bulevar Pérez Bonalde como en cualquier zona de Caracas, era y todavía es un proyecto de modernización, en el momento de su inauguración empezó dicho proyecto, pero a medida que pasaban los años se ha ido deteriorando lo urbano. Ahora en estos momentos se está reconstruyendo la zona para que ésta vuelva a ser como antes, una zona urbana con caracteres de modernización.

            Al final de mi trayectoria en el bulevar visualizo la estación de metro Plaza Sucre, me pongo a pensar que todo lo que me han dicho sobre Catia, no es la realidad en el que como me lo han descrito, como un lugar donde el ciudadano no tiene valores, y cumple un anarquismo exagerado, donde la delincuencia es un factor que influye en estas descripciones. Simplemente una ilusión para algunos que tienen miedo a ser asaltados, secuestrados o incluso perder la vida.
            Al final de todo, las personas tienen un encuentro más cercano con la tecnología que con lo urbano, y gracias a eso puede ser que no sean ciudadanos, prefieren estar en un centro comercial gastando, que pasar un tiempo por los alrededores de Caracas, como bulevares, plazas, parques incluso hasta El Ávila. Es lamentable saber que esto ocurre, pero si mejoramos como ciudadanos, participemos para reconstruir Caracas a una mejor Caracas, con cultura y entretenimiento, que siempre a donde vayamos veamos lo que a todo caraqueño se siente orgullo de ser caraqueño, El Ávila.

Mi Ciudad No es Igual que la Tuya por Edgar Silva


La ciudad de Caracas –vista desde un mapa− aparenta ser pequeña, y su extensión en metros lo demuestra. Sin embargo, una cosa es lo que se ve desde afuera y otra lo que se vive dentro de la urbe. Vivir en una ciudad relativamente modernizada implica estar rodeado de lo que la modernidad significa: edificios imponentes, estilos arquitectónicos variados y de renombre, comercios exhibiendo sus mercancías tras vidrieras incitando a la flanería de la que habló Julio Ramos, entre otros aspectos.

En fin, a lo que quiero llegar es que una ciudad físicamente pequeña como Caracas pero con una noción de modernidad es mayor y más importante que cualquier otra ciudad enorme pero sin un toque de esa magia que hace grande a una urbe, sin un toque de esa globalización de la que hablaba el argentino García Canclini, sin la llamada modernidad.

Precisamente el antropólogo argentino ofreció una visión bastante acertada de lo que es una ciudad latinoamericana moderna en su obra “La globalización imaginada” (1999). Allí describió “los requisitos”, o más bien las características necesarias para figurar como una ciudad moderna, entre las cuales resalta la globalización que ya mencioné. Esa globalización transforma a las urbes en “no lugares”, es decir, ciudades compuestas por fragmentos diversos provenientes de las relaciones locales, nacionales y transnacionales.

Caracas posee esa característica de ciudad global; los diferentes estilos arquitectónicos, corrientes de pensamiento y razas que convergen en ella lo demuestran fácilmente, lo cual implica a su vez que vivimos en un “no lugar”. Esa ha sido una afirmación que, ciertamente, es sencilla de hacer para cualquier habitante de la capital venezolana con alguna noción sobre el tema.

Existen muchos lugares que pueden ser detallados y analizados con gran profundidad dentro del territorio caraqueño pero hay un caso en particular que atrajo mi atención totalmente; hablo específicamente sobre la comunidad que vive en el pueblo de El Hatillo (véase imagen 1), ubicado en el municipio El Hatillo correspondiente a uno de los cinco municipios que componen a Caracas.

Imagen 1: Pueblo de El Hatillo

¿Un pueblo dentro de una ciudad?, ¿es eso posible?, ¿contradigo lo que expliqué antes? Pues sí, existe un pueblo dentro de las delimitaciones de Caracas y precisamente expresa el asunto de la modernidad en gran medida, lo deja clarísimo; es la representación explícita de un “no lugar”.

En un principio esa área fue un pueblo y los registros históricos esclarecen ese punto. Posteriormente inició un proceso de evolución del territorio perteneciente al municipio El Hatillo en sí, pero el casco central −que es donde ubicamos el pueblo−, se mantuvo con su aspecto pueblerino: conservó sus casas de un piso con grandes ventanas, techos de tejas y acabados que recuerdan los diversos poblados de nuestro país. Sin embargo, la modernidad fue “invadiendo” poco a poco los humildes espacios del pueblo hatillano, aunque sus habitantes más tradicionales se resistían a ello pues poseían –de hecho aún poseen− una idiosincrasia muy marcada con lo que consideran su hogar.

El zarpazo de la modernidad −con el paso del tiempo− convirtió al pueblo de El Hatillo en una especie de parque temático que exhibía los rasgos de la arquitectura pueblerina, aspectos generalmente insólitos para los habitantes de las demás partes de la ciudad. Aprovechando ese hecho se desarrolló una estrategia económica en el lugar: nacieron restaurantes y tiendas de diversos tipos las cuales atrajeron, atraen y atraerán al público visitante. Con esto, otro acto de modernidad se hace presente en el pueblo hatillano; ser turista en tu ciudad, es decir, flanear. Todo lo hecho en el pueblo cuando se va al plano arquitectónico se regía, obviamente, por el aspecto descuidado, humilde y antiguo que se debía conservar para exhibirlo a los otros caraqueños, exceptuando algunas estructuras que rompen con la apariencia añeja del lugar y responden directamente a la globalización de García Canclini.

La fusión entre la modernidad y el aspecto anticuado del pueblo de El Hatillo es algo que salta a la vista. Es llamativo mirar una casa con una gran ventana que responde a la apariencia de pueblo que se intenta transmitir y justo al lado de dicha ventana un cajero electrónico (véase imagen 2). Resulta que esa “casa de pueblo” es una entidad financiera −un Corp Banca−, así como resulta que esa librería, generalmente de grandes dimensiones y siempre presente en centros comerciales, conocida por todos como “Las Novedades” es representada por una pequeña estructura blanca, con su respectivo techo tejado y un modesto letrero de letras doradas.

Imagen 2: Contrastes

Todo lo anterior es, cuando menos, curioso. Sin embargo, hay algo aún más curioso, quizás el punto más importante que tocaré; me refiero a la identidad de los sujetos urbanos. El pueblo de El Hatillo no pasó a convertirse en un centro comercial sino que mantuvo sus áreas residenciales. Los habitantes de dicho lugar se sienten identificados con lo que los rodea, para ellos la ciudad es ese espacio en el que se encuentran pero para mí es bastante raro identificarme con sitios chapados al estilo pueblerino.

La ruptura existente entre lo que identifica a unos y a otros es evidente; definitivamente mi ciudad –la ciudad que vivo− no es la misma que la ciudad vivida por un hatillano; mi ciudad no es igual a la suya.

Los habitantes del pueblo hatillano pueden hasta sentirse modernos con lo que tienen y el estilo de vida que han desarrollado; al recorrer el centro comercial Paseo El Hatillo (véase imagen 3) su espíritu moderno debe aflorar en su máxima expresión, o cuando van a “Las Novedades” a comprar un libro. Ellos viven su ciudad de esa manera, así como yo vivo la mía a mi manera. Son dos formas diferentes de convivir con la ciudad que vienen dadas por la identidad de cada quien y por los aspectos que han compuesto sus historias personales.

Imagen 3: Contrastes (la estructura del fondo es el C.C. Paseo El Hatillo)

Esa clase de diferencias no están mal, pero en Caracas se observan varios núcleos poblacionales que dividen a la ciudad en varias ciudades. La experiencia urbana de un núcleo diverge notoriamente de las experiencias de todos los demás, lo cual no es un pecado hasta que inicia un proceso de segregación mutua; cada núcleo discrimina al otro por una u otra razón, todo eso crea un ambiente enrarecido y conflictivo entre los habitantes de la ciudad. Los núcleos de los que hablo suelen mantenerse en un lugar específico el cual determina su “rango de acción” y además fija una manera de pensar en las personas que la componen. Esas barreras se rompen al recorrer cada uno de los rincones de la ciudad, al conocer a la demás personas, al vivir verdadera y completamente nuestra Caracas.

Cuando ya no hay barreras discriminatorias entre los sujetos urbanos, la diversidad −además de los necesarios y obligatorios aspectos económicos, arquitectónicos y políticos−, es lo que engrandece a una ciudad, es lo que le da ese toque mágico a las urbes contemporáneas. Es esa diversidad lo que la modernidad conlleva, es algo intrínseco a ella y lo que nos hace –como decía Martí− “poseedores de lo hermoso”.

Ensayo por María Alejandra Peña


Con el paso del tiempo hemos podido notar que distintos países del mundo han sido influenciados por culturas ajenas a estos, y dejado atrás sus raíces como consecuencia de la modernización.

En Venezuela, específicamente en Caracas, es muy difícil encontrar lugares en los que prevalezca la cultura original, todo ha sido urbanizado y modernizado, es decir, ya casi no quedan rastros de la estructura bajo la cual la ciudad solía regirse.  Hablo específicamente de Caracas porque, debido a que es la capital y metrópoli del país, la influencia extranjera es más fuerte que en el interior del país donde aún se conserva la cultura tradicional y se siente con más fervor el sentido de pertenencia hacia la nación.

Tuve la oportunidad de visitar el Casco Histórico del Pueblo El Hatillo, un lugar en Caracas donde ese sentimiento de identidad no se ha perdido a pesar de ubicarse en la ciudad capital.  Las calles, las casas y la estructura del pueblo en su totalidad presentan características propias de la época colonial, es un lugar que verdaderamente ha preservado lo tradicional, antiguo y típico de nuestro país.


El pueblo fue diseñado al estilo de cuadrícula española, con calles estrechas y casas coloridas construidas alrededor de la Plaza Bolívar, centro del casco histórico, frente a la cual se encuentra la Iglesia Santa Rosalía de Palermo.

A lo largo de mi visita, me aproximé a hablar con distintas personas y me contaron un poco de su historia y del modo de vida que llevan. Muchos construyeron y pintaron las casas que habitan, tienen sus negocios dentro de su mismo hogar de manera que desde la calle una persona pueda apreciar lo que se ofrece, sea tienda o restaurante, y al entrar ser atendida por miembros de la familia que vive ahí. También pude darme cuenta de que la mayoría de las personas que viven en el pueblo han vivido ahí toda su vida y suelen reunirse con sus familias y amigos en la plaza y sus alrededores, también acuden mucho a los lugares de comercio local pertenecientes a familias vecinas.

Algo que llamó mucho mi atención fue el contraste entre lo tradicional y lo moderno. A pesar de ser un Pueblo colonial se ven grafitis, unos simples y otros bastante elaborados, negocios que no son precisamente locales sino cadenas comerciales como por ejemplo Baty’s e incluso a menos de dos cuadras de la Plaza Bolívar se encuentra el centro comercial Paseo El Hatillo. También es importante destacar que la localidad del pueblo, y del barrio que rodea al mismo, está a muy poca distancia de la comunidad de La Lagunita y de Los Naranjos, que son zonas pudientes y totalmente urbanas, contrastando así la diferenciación social, pero a la vez sin exclusión, o por lo menos no territorial por su cercanía.

Una vez mencionado el centro comercial Paseo El Hatillo, quisiera hablar de algo que me dio mucho gusto conseguir en El Hatillo, algo que yo creí perdido en la sociedad actual caraqueña. Me refiero al fortalecimiento de la identidad y la pertenencia hacia su comunidad mediante el disfrute de las áreas públicas.

Cuando me encontraba en la Plaza Bolívar pude ver niños comiendo helados, jugando entre ellos y corriendo; gente paseando a sus mascotas, conversando, contemplando la estatua, compartiendo un día al aire libre. Debido a mi curiosidad acerca de que aún teniendo el centro comercial tan cerca pasaran su tiempo libre en dicha plaza me acerque a una señora mayor que se encontraba con otra más joven y les pregunté la razón de esa situación, la señora mayor fue la que me contestó concretamente, me dijo que esa plaza era el lugar que ella frecuentaba desde niña al salir del colegio, cuando terminaba las tareas o cuando terminaba de hacer las labores del hogar, pues el entretenimiento que ella tenía ahí no lo encontraba en ningún otro sitio: ahí podía leer, reflexionar, reunirse con sus amigos y familiares, sentirse libre; por supuesto que iba a centros comerciales de vez en cuando, pero poco a poco estos centros se volvieron en lo que ella denominó como “lugares para hacer diligencias”, aunque con la desaparición de los cines al aire libre ahora los frecuenta más a menudo para disfrutar de una película o del teatro, pero en general dijo que prefiere disfrutar de la plaza de su pueblo que ir al encierro de un centro comercial donde para lo que sea, incluso sentarse, se ve en la obligación de consumir. Esto se lo inculcó a sus hijos y ellos a sus hijos, quienes casualmente eran los niños que vi persiguiéndose entre ellos y luego comiendo helado.

Me di cuenta de que mientras más adentrado a la ciudad se está, hay menos sentido de pertenencia y menos disfrute de espacios no privatizados; no sé si llamarlo producto de la modernización o, en nuestro caso particular, producto de la inseguridad. 

Recorriendo las calles del pueblo, alejándome ya de la Plaza Bolívar, vi muchas familias que se reunían en frente de sus casas a escuchar música, tomar cerveza, jugar dominó y pasar un buen rato. Hay tantas formas de divertirse y nunca me detuve a considerar algo como eso, hay mucho más allá de lo que muchos de nosotros conocemos.  Jamás se me habría ocurrido sentarme afuera de mi casa y reunir a toda mi familia para un evento de ese estilo, habría preferido ir al cine, pero de alguna manera ellos gozaban y se veían mucho más alegres de lo que yo me siento cuando visito un centro comercial, era otro tipo de diversión, uno más libre y sin necesidad de mantener un perfil en especial, sólo ser uno mismo.

No eran tan diferentes a mí, si bien usaban un lenguaje corporal y hablado distinto al mío, cuando me acerqué a comunicarme con ellos y conocí lo que tenían para compartir conmigo no vi mayor diferencia más que las anécdotas y el lugar donde se llevaban a cabo.

El día entero fue una invitación a mi reflexión personal sobre lo que siempre había ignorado, cosas que no conocía y preferí no darles importancia.

Para cerrar quiero resaltar que el Pueblo El Hatillo es un lugar que encierra en sí mucha historia, un ambiente agradable, pintoresco y antiguo, y está lleno de cosas que vale la pena visitar como la plaza, la iglesia, las tiendas, los restaurantes y las franquicias. El modo de vida humilde y sencillo que se siente en ese lugar da una sensación cálida y acogedora que invita a el disfrute de sus áreas sociales de manera libre e independiente del consumo.

Me alegra haber tenido la oportunidad de visitar el Casco Histórico de El Hatillo y ver que existe un lado totalmente opuesto a lo que conocía de mi ciudad, la gente me pareció contagiosa de su alegría y de las ganas de estar en un espacio no alienado, un lugar abierto y público.

Crónica de San Antonio De Los Altos Por Sergio Felipe Sanz


San Antonio de los Altos originalmente se llamó "San Antonio de Medinacelli" por disposición de Diego de Melo Maldonado, Gobernador de la Provincia que la fundó por decreto el 1 de mayo de 1683.

Posteriormente le fue conferido oficialmente el nombre de San Antonio de Los Altos en alusión al Santo Patrón de la población y a la característica montañosa de la región.

San Antonio de Los Altos, nació el 1° de mayo de 1683. Es la población más vieja de los altos mirandinos. Tuvo dos fundadores: uno oficial, aunque sólo en el papel, que fue Don Diego de Melo Maldonado, Gobernador y Capitán General de la Provincia de Venezuela; el otro, el fundador real y efectivo, Don Juan Mijares de Solórzano y Monasterios, primer Marques de Mijares, quien en el año 1692 donó un lote de tierras a cuarenta familias inmigrantes provenientes de las Islas Canarias de España para que las cultivaran y vivieran en ellas.”

Estas familias siguieron al pie de la letra las ordenanzas dadas e hicieron de San Antonio una gran finca agrónoma para el desarrollo de las 40 familias canarias y construyeron las primeras estructuras modernas que estas antiguas montañas conocerían;si imaginamos un poco y divagamos en el asunto se podría pensar que San Antonio pudo haber sido algo así como la Colonia Tovar, unas tierras fértiles entregadas solo a inmigrantes para que dispusieran de estas y generaran asíuna pequeña representación de su país venidero, “pero a partir de 1955, con la puesta en funcionamiento de la carretera Panamericana, comenzó el proceso modernista del siglo XX de urbanización que se tradujo en la construcción de numerosas zonas residenciales, viviendas unifamiliares y multifamiliares, para una población de clase alta y media conformada por profesionales, técnicos y comerciantes provenientes de Caracas.”

He aquí dos características que han marcado el rumbo de San Antonio hasta la Actualidad, como las personas que vivían en San Antonio eran en su mayoría hacendados y campesinos la nueva infraestructura construida aquí tenia un solo propósito servir de vivienda a los trabajadores de Caracas que prefirieran vivir en un lugar menos ajetreado ydebido a que en           San Antonio solo se construyeron viviendas, no existía ni se pensaba en un pueblo tan pequeño para el comercio y los negocios, por ende no se construyó ni se construye nada para el desarrollo de estas áreas, convirtiendo así a San Antonio en una ciudad dormitorio o ciudad satélite de la capital de la República,

Este aspecto hace que durante el día San Antonio sea una ciudad habitada en su mayoría por bachilleres debido a que la mayoría de los adultos poseen trabajo en Caracas lo que queda en San Antonio es una inmensa cantidad de estudiantes de secundaria que pintan las calles de marrón y azul por sus chemises.
La segunda característica que define a   San Antonio es que desde los principios fue habitada por europeos con cierto poder adquisitivo y luego las casas construidas para los caraqueños no eran económicas debido a que eran viviendas y quintas grandes, y esto hace que San Antonio posea una población literalmente homogénea monetariamente hablando, debido a que hay personas mas pudientes que otras pero en general todos somos clase media, no tenemos ricos despilfarradores ni personas pobres en situaciones precarias y esto se ve gráficamente en que solo tenemos un borracho llamado Popeye que es pobre no por necesidad si no por gusto y el único barrio que posee San Antonio son “Las Minas zona industrial” pero en general es un barrio estable con las necesidades básicas cubiertas y no son ranchos son viviendas más humildes y de todas maneras este barrio no se piensa como parte de San Antonio.
“San Antonio de Los Altos fue durante muchos años una localidad foránea que dependía del Distrito Guaicaipuro. Esta situación cambió el 17 de noviembre de 1982, fecha en la cual se creó el Municipio Los Salias según decreto emitido                                                                                                         por la Asamblea Legislativa del Estado Miranda." 
La forma en que San Antonio fue y está estructurada responde mucho a principios pueblerinos es decir, sólo posee una avenida principal que lo atraviesa de principio a fin desde el elevado del Centro Comercial La Casona hasta la entrada del pueblo de San Antonio, en este trayecto los sectores son nombrados lógicamente por las urbanizaciones que ahí se encuentran.



Desde la casona tenemos a los sectores La Rosaleda sur de un lado y La Rosaleda norte del otro lado de la avenida, luego viene Club de Campo y La Fragua al otro lado de la avenida tenemos El boulevard de las Minas y Las Minas en frente de esta está Sierra Brava luego se encuentra el CC Galerías Las Américas y detrás de esta la entrada al barrio de Las minas Zona industrial, luego llegamos a la Redoma de San Antonio.


Desde La Redoma hasta elpueblo tenemos a mano derecha Los Castores la entrada a La Morita, Urb. Parque El Retiro, Las Polonias y Llano Alto (donde estas últimas tres urbanizaciones o sectores en el papel forman parte del municipio Guaicaipuro pero en el corazón siguen siendo San Antonio).
 Luego sigue La Ermita, Residencias San Antonio junto con La Superior luego esta lo que se conoce como Del Texas para arriba luego seguiría Rosalito y llegamos al pueblo. Y desde la redoma del lado izquierdo esta la bomba de la redoma, Don Blas, La Arboleda, Los Altos y Residencias los Altos, El Semic o Parmalat luego El Picacho, OPS y Mi Cabaña y luego el pueblo de San Antonio.
Luego del Pueblo de San Antonio podemos conseguir sectores alejados de lo urbano de San Antonio como son El Faro, El Amarillo, El Sitio, La Suiza por donde pasan vías alternas para llegar de San Antonio a Caracas como La Cortada del Guayabo que termina en Hoyo de la Puerta y La Mariposa y Potrerito que terminan en Coche.

Cada sector de San Antonio es diferente a los demás y esta diferencia se ve en las viviendas que ahí se encuentran. Hay sectores solo de quintas y otros sectores solo de edificios y están los combinados pero como se mencionó antes no existen grandes diferencias entre los Sanantoñeros.

Se podría decir que San Antonio es un pariente de sangre de Venezuela pero nacido en otro país y por ello no sigue al pie de la letra la forma de vivir del resto del país, es decir, Los Salias es el municipio mas limpio del país y no porque tenga un optimo servicio de aseo sino porque el sanantoñero es limpio por costumbre, en general no consigues basura en el piso o calles sucias y si fuese así son cosas pequeñas y esporádicas.

Algo que sí es muy propio de Venezuela y también de San Antonio que lo diferencia, por ejemplo, de México, es que la delincuencia está sectorizada con esto no se quiere crear la idea de que si no vas por lugares malos está asegurado que nada malo te pasara pero si disminuyes bastante las posibilidades de que algo te pase.

 En Los Salias se podría decir que uno vive bastante tranquilo, en general uno puede andar por cualquier lugar de San Antonio sin tener que esconder sus propiedades o tenerlas agarradas con miedo de que te puedan robar a diferencia de la capital del país que cada vez hay menos lugares donde estar tranquilo. Los robos, asaltos y asesinatos que ocurren aquí son muy esporádicos y ocurren con muy poca frecuencia.

Los Salias aparte de tener el primer lugar a nivel nacional en ámbitos de limpieza también es el municipio a nivel nacional con más narcotráfico, pero igual que con la delincuencia si no te quieres involucrar en ese mundo tú sabes por qué lugares no tienes que pasar y con cúales personas es mejor no tener una amistad.


La movida deportiva y cultural de Los Salias es bastante grande, donde en una ciudad tan pequeña como lo es San Antonio existe una gran cantidad de escuelas de arte musical, de baile, de disciplinas deportivas de pintura y dibujo, es decir hay bastante de donde escoger si quieres hacer alguna actividad extracurricular. Temprano en la mañana en los fines de semana se ve una gran cantidad de personas haciendo ejercicio en diversas disciplinas a lo largo y ancho de San Antonio, se pueden apreciar caminatas, maratonistas, patineteros, nadadores, futbolistas ,basquetbolistas y beisbolistas, pero el deporte por excelencia es el ciclismo de montaña debido a que muchísimos sanantoneños lo practican y también es muy aceptado por la forma geográfica de San Antonio, no importa en que parte de San Antonio vivas siempre tienes cerca una pica o ruta para rodar.

En San Antonio existen dos centros culturales grandes, los cuales son el SEMIC y La Utal ambos bien dotados para realizar diversos deportes y actividades culturales, como obras, danzas, partidos, charlas, entre otros.

La Fragua es una zona que está destinada sólo al deporte  y en especial al extremo, ahí se realiza ciclismo, motocross, karting, paintball, bicicross, todo lo referente a funrace, softball y beisball.

San Antonio posee varios Centros Comerciales que van acorde al tamaño de la ciudad: son pequeños y no pasan de 4 pisos, y son la única alternativa modernista para salir a flanear  debido a que solo poseemos una discoteca, un Mc Donalds, un Pollo Arturo, un Church'sChicken recién inaugurado y prontamente contaremos con un Miga´s y un Bonsái Sushi; no hay mucho para variar si quieres pasear al estilo moderno y es por eso que las artes y el deporte se desarrollan de una manera tan eficaz aquí. Entre los centros Comerciales con los que contamos se podría decir que el más popular es Los Altos y no por las tiendas que posee sino porque está ubicado en todo el centro de San Antonio y por eso es imposible ir a Los Altos y no conseguirte con al menos un par de amigos.

San Antonio es una pequeña ciudad que se ha conservado en el tiempo manteniendo su estructura original y sus principios.

Últimamente se ha vuelto un tanto caótica al igual que toda Venezuela porque se construye mal, pensando que las calles de hace 60 años son capaces de contener al inmenso tráfico que existe hoy en día, pero quitando este detalle se podría decir que San Antonio se ha mantenido dentro de una burbuja hermética  a muchos problemas que acosan al país y que aquí no se viven.    Lo único que falta para que Los Salias deje de ser una ciudad dormitorio es que se generen nuevas estructuras destinadas al ámbito empresarial y laboral y de esta manera no tener que depender de la capital del país para poseer trabajo.

El lugar más limpio y tranquilo para vivir sigue siendo este pequeño pueblo creado por canarios y heredados por una cierta élite venezolana que ha sabido administrarla para no perjudicar los beneficios de esta pequeña comunidad, un lugar donde la modernidad ha llegado parcialmente permitiendo así que las costumbres aun se mantengan y la gente piense en disfrutar o pasear y no necesariamente piense en una vitrina o un consumo si no de disfrutar su tarde en el boulevard de Las Minas solo viendo las hermosas pinturas que adornan nuestros cielos todas las tardes, o haciendo ejercicio o realizando una actividad cultural.  En pocas palabras, San Antonio no se dejó conquistar por la modernidad al contrario tomó las cosas buenas de esta y las implementóen su sistema para hacer de esta pequeña ciudad un lugar placentero para vivir y convivir.

Paisaje de Modernidad desde otra Percepción por Victor Pignone


La ciudad, lugar en el que el tiempo transcurre sin darse cuenta, en donde los cambios de la modernidad están presentes y seguirán estándolo, en donde el espacio se hace desconocido; una ciudad que es algo totalmente novedoso y sorprendente para alguien proveniente de otro sitio, que es el caso de alguien de  los Llanos venezolanos en donde sus áreas urbanas son distintas a una ciudad con alta densidad de población, Caracas.

Primero pensemos en la palabra “ciudad”,  lo primero que se nos viene a la mente es: edificios, avenidas, tráfico, estrés, contaminación, entre otras cosas. Muchas veces la forma de ver la ciudad se encuentra envuelta por la forma de vivirla, ya que salir para ir a trabajar o estudiar, para llegar y hacer la rutina de cada día, no es lo mismo que salir a dar un paseo para apreciar la ciudad.


La ciudad como Caracas en donde se nota la globalización que es parte del constante proceso de modernización, al verla de otro modo que no es el que describen los relatos sobre  ella, sino viéndola uno mismo, ver la exhibición en persona, hace que se tenga una definición más personal de lo que es Caracas (de lo que es una ciudad).

Esta forma de ver Caracas se hace muy distinta cuando se viene de otra región, con características distintas, como lo son las áreas urbanas de los llanos venezolanos, en donde la tranquilidad, la menor densidad de población y de tráfico, reflejan diferencias en el modo de vida de ambas ciudades.

Para alguien que viene de otra región, esta forma de ver Caracas no es la misma a la del propio caraqueño, su modo de vida es muy distinto al que se conoce en la ciudad, pasa a un plano en donde se ve la modernidad cara a cara, esa modernidad acentuada por ser la ciudad su principal escenario.

La impresión que se tiene de Caracas, en el momento de apreciarla en persona provoca un impacto, como si se despertara de un sueño, como dice Salvador Garmendia en su texto “Veinte años de calle, ruido y superficie”: “¿Qué hubo entre tanto? Pienso que me es difícil nombrar por separado las cosas de Caracas que me impresionaron en ese tiempo, pues todas forman una desconcertante talla de mil caras”
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La primera impresión que me dio Caracas fue ver esa gran cantidad de vallas publicitarias, la cantidad de centros comerciales, sus avenidas, sus edificios, entre otras cosas que me dan una sensación de Caracas (identificándola como tal) más a fondo de lo que se relata.

Pero no todo de lo que se ve es internacional, porque tampoco se deja a un lado lo que es  tradicional, por eso es que también están presentes esos centros públicos (bulevar, plazas, teatros, entre otros) en los cuales se puede pasar un rato agradable y sentirse más en Caracas que en otro lugar. Es por eso que las ciudades no deben parecerse a otras, sino que deben representar lo que son.

Para un llanero cuya vida es más apacible, que pasa la tarde bajo un frondoso árbol y que sus preocupaciones no van mas allá de lo normal , es difícil adaptarse a la vida de Caracas, la cual es más agitada y agotadora, en donde cada quien está pendiente de sí mismo y de no llegar tarde a un lugar.

“En el Llano no hay arriba ni hay abajo, ni antes ni después, cuando creo que estoy yendo, puede que esté volviendo” dice el músico folklórico Ignacio “Indio” Figueredo, quien hace notar que en el Llano tiene toda esa paz y tranquilidad, esa despreocupación y esa inspiración que él necesita. Para él Caracas es representa una “amenaza”, debido a esas diferencias de características de lo que él conoce y que teme no reconocerlo.

Pero no todo lo que provoca ese impacto de asombro está presente en lo arquitectónico y urbanístico, sino que también en lo tecnológico. La tecnología avanza en un parpadear de ojos, en donde entran las TIC (Tecnologías de la Información  y la Comunicación) que son medios tecnológicos que utilizan las personas para el desarrollo de sus actividades (mercantiles, informáticas, políticas, entre otras).

Todos estos cambios que trae consigo la globalización hacen que las cosas no sean únicamente regionales y nacionales, sino que también son internacionales y universales, que es lo que expresa José Ignacio Curbujas sobre Caracas en su texto “La ciudad escondida”: “Eso es lo que somos. La aproximación a una certeza universal, la impunidad de representar al mundo con altivo desparpajo”.

Estos cambios crean esa marca de algo distinto sobre las personas que habitan la ciudad de Caracas. Pero a una persona del Llano esto le crea un asombro total que hasta le puede crear temor por eso que desconoce, teme que algo suyo cambie por completo.

A veces cuando camino por las calles de Caracas me quedo asombrado por la cantidad de franquicias internacionales que hay, puedes disfrutar de un plato típico de otro país sin salir del tuyo, puedes encontrar distintas marcas famosas de otras partes. Es algo increíble, se puede disfrutar una gran variedad de cosas provenientes de otras partes del mundo prácticamente en un solo lugar.

Para alguien que es de Caracas, puede notar los cambios que se han producido y de cómo se va desarrollando; por otro lado esto me representa algo más que eso, es algo más grande, debido a ese cambio tan drástico de las cosas que tengo frente a mis ojos, de las cosas que conozco y de las que todavía no.

La forma de ver las cosas y el impacto que los cambios que estas producen es más fuerte cuando esos cambios son mucho más repentinos de lo normal, siendo el traslado del Llano a Caracas, del campo a la ciudad. Pero todos estos cambios tarde o temprano terminarán abarcando otras regiones de una forma más lenta de como lo es en la ciudad, principal escenario de la modernidad.